3 verdades que todo empresario debe recordar cuando la rentabilidad se estanca – QUIRÓS CONSULTORES

3 verdades que todo empresario debe recordar cuando la rentabilidad se estanca

Muchas de las empresas que siguen manteniendo su nivel de negocio a pesar del coronavirus, ya venían desde antes con algún estancamiento de la rentabilidad que ahora se hizo más evidente.   

Cuando las cosas se complican y la rentabilidad se atasca, lo primero que viene a la mente es la posibilidad de achicar la empresa. Sin embargo hay que tener cuidado de tomar un rumbo tan complejo que puede no traernos la solución que buscábamos.

Siempre vas a añorar la época en que tu empresa era más chica porque es como añorar la infancia donde uno era más ingenuo y tenía menos problemas.  Sin embargo es importante que veas que estás en un mejor momento que en ese entonces. En primer lugar, porque tenés una empresa con trayectoria. La trayectoria indica que tu idea, tu visión y tu manera de hacer las cosas fue valorada por el mercado. No es un dato menor, teniendo en cuenta la estadística de fracasos empresariales. Literalmente estás entre los selectos. Esto implica que sobreviviste a los cambios de reglas de juego, a la competencia informal, a las demandas de los empleados, a las exigencias de los clientes y a las reiteradas crisis que ya tuvo la Argentina.

Si venis notando que la rentabilidad está estancada y que encima tenes más problemas que años atrás hay algunas cosas que es bueno recordar:

  1. No es la falta de eficiencia lo que genera falta de rentabilidad

Cuando miras cómo se hacen las cosas en la empresa encontras permanentemente fallas y te representas en la mente una manera mucho más eficiente de hacerlas. Es natural que no puedas evitar esa mirada crítica que siempre ve la brecha entre lo que es y lo que debería ser. Por eso en lo primero que pensas cuando hay problemas de rentabilidad es que si la empresa fuera más eficiente ganarías más.

Esto no es cierto, la incidencia de la falta de productividad de la gente en la caída de la rentabilidad está sobrevalorada. Cuando nuestro equipo de consultores, aborda el tema de la rentabilidad en una empresa los casos en que considera que hay que cambiar gente o achicar la estructura son mínimos, están en proporción de 1 entre 30. Hay palancas mucho más efectivas y menos traumáticas para levantar la rentabilidad.

Como empresarios, cuando achacamos a la falta de eficiencia los problemas de rentabilidad nos quedamos en una explicación que nos paraliza porque nos abre un montón de frentes para atacar que no modifican nada. La búsqueda permanente de la eficiencia total es frustrante. Es el camino del mayor esfuerzo para el mínimo resultado.

  1. No podemos cambiar el resultado de la empresa si no cambiamos nosotros como empresarios

Tu trayectoria empresaria muestra que fuiste capaz de formar y hacer crecer la empresa por tus propios medios, arreglándote en cada momento para que se vendiera más, ganara más y creciera su estructura. Esto, sin duda es un gran mérito.

Y es tanto lo que pudiste construir que a partir de determinado momento tu manera de gestionarla ya no alcanzó para seguir generando un nivel de rentabilidad proporcional al tamaño y a la complejidad que se fue generando.

Antes no necesitabas una gestión particular del capital de trabajo, ni una comparación de los márgenes ni tener un análisis ABC para saber en qué clientes, productos o canales enfocarte. Podías tomar decisiones efectivas sin necesidad de todo eso. Pero la empresa cambió y ya no alcanza la misma mirada intuitiva para evaluar las cosas. Porque terminas compensando con estrés y tiempo personal lo que no se puede lograr sin información y sin una mirada superadora.

Lograr mayor rentabilidad en una empresa que se ha vuelto compleja no requiere más esfuerzo sino aceptación y decisión. Aceptar que no es hacer más, correr más, controlar más sino gestionar de una manera diferente. Con mayor conocimiento de dónde y cómo se origina la rentabilidad y la falta de rentabilidad. Y tomar la decisión de enfocarnos en esos puntos claves.

 

  1. La principal señal de que estamos en la zona de comodidad es el esfuerzo

El esfuerzo es sin duda un valor y un motor del crecimiento. Pero en una empresa con trayectoria ya no. Cuando después varios años de empresa el empresario sigue en modo bombero, apagando incendios, atacando todos los problemas a medida que surgen y trabajando 10 horas por día, aunque parezca lo contrario, está parado en una zona de comodidad que no lo deja moverse. En la comodidad de padecer lo “malo conocido” antes que cambiar algo que lo llevaría a todo “lo bueno por conocer”.

Precisamente, cada vez que tuviste logros de valor para tu vida y tu negocio es porque hiciste lo que hasta ese momento te resultaba difícil y luego terminó resultando en una nueva habilidad que llegaste a dominar.

Con el tamaño y la trayectoria que tiene tu empresa no estás para que la forma de avanzar sea a través del esfuerzo extremo, porque ya no resulta y porque el negocio no necesita eso. Con la capacidad empresaria que tenes tampoco estás para sentirte estancado haciendo malabares para cuidar lo que lograste.

A esta altura de tu desarrollo empresario cada vez que sientas que tenés que poner más esfuerzo estás ante una alerta de que el camino no es por ahí.

 

Si hay algo de tu empresa que no te gusta, si quisieras cambiar los resultados, tener más tiempo, preocuparte menos y volver a sentirte motivado, es importante que puedas darte cuenta de que estás en un buen momento para dar ese paso hacia adelante.

La insatisfacción es el mejor estado para ir por más. Cuando las circunstancias no son como hubiéramos querido, salimos de la zona conocida y damos lugar a que ocurran acontecimientos nuevos. Dar el próximo paso no significa que la empresa tiene que crecer, significa que tiene que ser más rentable y más independiente de tu presencia.


 

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