MI EMPRESA ¿ME AYUDA O ME COMPLICA?

¿No será mejor volver a la empresa más chica, más controlable?

Qué es mejor, ¿más servicios o menos gastos?

Quienes somos dueños de una Pyme sentimos que nuestro caso es particular y que no responde a modelos ideales. Sin embargo, hay situaciones por las cuales, todos hemos pasado.

¿Recuerda en qué sitio comenzó a funcionar aquel emprendimiento que es hoy su empresa? ¿Se acuerda de quiénes fueron sus primeros colaboradores?

En aquel momento, con los recursos mínimos necesarios, fuimos tejiendo un negocio. Las ventas nos iban demostrando lo acertado de nuestra visión emprendedora. Así, superando las primeras pruebas, decidimos seguir creciendo en la misma dirección.

Por aquella época, fuimos tomando a los primeros colaboradores, que eran familiares, amigos o amigos de amigos. Y nuestro negocio crecía. Es entonces cuando aparece la Pyme que se había estado gestando. A esta altura nos sentíamos seguros, imparables. Ya éramos empresarios diferentes, que no estábamos probando, sino que queríamos multiplicar lo que hacíamos sin entender muy bien por qué los otros, nuestros competidores, estaban tan quietos, como dormidos, sin ver las infinitas oportunidades que había.

Primeros desajustes
Más adelante, como consecuencia del crecimiento, fueron apareciendo los primeros desajustes: una entrega que no se facturó, un pago que no se registró, un llamado importante del cual no nos enteramos.
Como queríamos seguir creciendo, nos planteamos seriamente que todo eso necesitaba un orden. De modo que pedimos ayuda. ¿A quién?: al contador. Y así empezó la división de tareas, la definición de procedimientos.

Al mismo tiempo, la expansión y la necesidad de ordenar, nos llevó a encarar una mudanza. Con un tiempo personal cada vez más escaso, fuimos ensayando formas de organizar, delegar y controlar. Aunque nuestros colaboradores no lo hicieran tan bien, terminamos aceptando ineficiencias para que por lo menos no todo dependiera de nosotros.

Progresivamente, la empresa fue llegando a niveles de facturación que, por momentos, se hacían difíciles de sostener, al tiempo que la rentabilidad tendía a decrecer. Entonces, llegamos a pensar: “en qué me metí”.
En síntesis, la Pyme se fue complicando y la fórmula “más facturación trae más rentabilidad” ya no se cumple. Esta situación forma parte del proceso natural de desarrollo al que todas las Pymes llegan. Pero ¿tiene salida? ¡Por supuesto que sí!

Si y no

Para evitar agregar mayor complejidad sepamos, en principio, lo que no hay que hacer:

  • No hacer más de lo mismo.
  • No creer que todo se soluciona con más facturación.
  • No realizar aportes de capital, porque se van a diluir sin resultados positivos.
  • No diversificar en más productos, servicios o negocios.
  • No esperar mucho tiempo sin tomar medidas.

En cambio, quienes logran transitar de manera saludable el camino de la consolidación lo hacen a través de estos dos procesos:

  • En el nivel de dirección, se concentran en las zonas que generan el máximo valor en el negocio.
  • En el nivel organizacional, alinean a la gente detrás de los objetivos funcionales del negocio.

Cada uno de estos caminos puede tener múltiples maneras de encararse, pero constituyen la única dirección que nos asegura alcanzar la etapa de consolidación.

Hemos definido por donde caminar, elija usted alguna forma de hacerlo porque, tal como ocurrió en etapas anteriores, sus decisiones generan sus resultados.